122. Estás conmigo
Clara
Sus ojos me miran desorbitados y su sonrisa rancia me pone los pelos de punta y hace que se me revuelv el estomago.
—Muy bien, Clarita. Pero necesito más, —dice, y su tono se vuelve bajo y amenazante—. Esto sirve para el primer golpe, pero quiero los códigos de acceso de las cuentas internacionales. Quiero los nombres de sus testaferros en el extranjero. Vas a volver a esa mansión y me los vas a traer esta misma semana. Eres mi hija, tu lealtad está conmigo por pura sangre, así que muévet