121. Estoy lista
Clara
El motor de la camioneta blindada vibra debajo de mis pies con un zumbido sordo que imita el ritmo frenético de mi propio corazón. Miro mis manos, apoyadas sobre mis muslos cubiertos por el pantalón desgastado. Mis uñas están clavadas en mis palmas, tanto que ya siento el dolor punzante de la piel a punto de romperse. Llevo la blusa vieja, la que elegí a propósito para no levantar sospechas. Siento el peso del pequeño micrófono oculto entre la tela, pegado a mi piel como un parásito frío