Clara
Me quedo de rodillas en el suelo un momento, mirando el espacio vacío por donde se fue mi hermano, respirando el aire que de repente se siente menos pesado. Me pongo de pie lentamente, apoyándome en la encimera, y me giro hacia Maximiliano. Él sigue ahí, de pie bajo la luz cálida de la cocina, observándome con los brazos cruzados y una expresión indescifrable en sus ojos oscuros.
—No sé cómo lo hiciste... pero gracias, Maximiliano. De verdad, gracias —le digo, con la voz todavía afectad