AELIANA
No hubo un solo segundo en que no deseara haber cortado todo contacto; ni un momento, desde que volví, en que viera algo bueno en mi regreso. No era más que un desastre, y resultaba irónico que ya no fuera aquella niñita frágil y, aun así, me trataran como si siguiera siéndolo.
Me estaban obligando a contraer este matrimonio y a mi padre no le importaba. A mamá tampoco; no había parado de deshacerse en elogios sobre el anillo de compromiso que recibí esa mañana, sin duda de parte del Alf