| SEGUNDA PARTE | 28. El amor no conoce de límites, pero la locura tampoco.
Gia
El rumor de mis pensamientos
Los débiles latidos de mi corazón.
Carlo Ferragni lo controlaba todo de mí, incluso el aire que respiraba.
Ese hombre se había convertido en el único dueño de mis suspiros y no había nada que yo pudiese hacer al respecto para evitarlo.
Estaba destinada a amarle. Estaba destinada a él de por vida, incluso cuando él era un perfecto hombre de la mafia y yo había sido demasiado ingenua en creer que el mundo que nos rodeaba no nos alcanzaría.
Dos semanas.
Si, dos sem