27. Demasiado cruel
Carlo
Experimenté la horrible sensación de ver como su cuerpo se aflojaba entre mis brazos, como sus pies tocaban el suelo pero este no era capaz de sostener su propio peso.
Noté, incluso, como una sola lágrima se deslizaba y perfilaba su rostro.
Llamé varias veces a su nombre, pero ella no reaccionó; tan dolo se dejó ir en mis brazos sabiendo que yo no la dejaría caer.
Me arrodillé en el suelo con ella, aparté un mechón de su frente le besé la sien. Un instante después, era yo quien sollozaba.