61. Un hijo mio...
Carlo
Había pasado una semana desde que todo había quedado atrás.
Stella tuvo una muerte de la que su padre se sintió aborrecido y su madre decepcionada. Esta última creyó conveniente entregarme un sobre sellado que terminé de abrir cuando estuve a solas dentro del auto.
« Está en Barcelona. Por favor, hazle crecer como un Ferragni » describía la carta.
Sonreí, y tan enorme fue la sensación de bienestar recorriendo mi cuerpo que no pude evitar que los ojos se me empañaran.
Seis jodidos años per