—Todavía estás… qué alivio… —
Samuel murmuró con la voz tan ronca como lija contra piedra. Al verme, parecía haber perdido toda la fuerza en las patas.
Liliana, al notar su reacción, dejó ver en sus ojos una chispa de cálculo. Se llevó una mano al vientre abultado, se acercó a Samuel con aire lastimero y voz temblorosa.
—Samuel, ¡Anya me atacó! Solo quería saber por qué me odia, por qué me hizo daño… ¡pero me agredió sin más, sabiendo que estoy embarazada! —
Sus ojos se llenaron de lágrimas mien