Y un día, la red se inundó con noticias del cambio de heredero en la Manada Obsidiana. Samuel renunció a su derecho como Alfa y abandonó la manada.
En uno de los artículos, aparecía una foto suya, solo, de pie frente al mar. Su figura se veía deshecha, como un lobo callejero al que nadie quiere.
Me quedé mirando esa imagen mucho tiempo. No sentía rencor, tampoco alegría. Solo una calma extraña.
¿Se arrepintió? Tal vez. Pero ¿y qué?
Ya no era su cadena. Y mucho menos, su redención.
—¡Profe! ¡Mi t