Samuel se quedó paralizado. Un gruñido incrédulo y ronco se escapó de su garganta:
—¡No... no puede ser! ¡Íbamos a celebrar su cumpleaños! ¿Cómo pudo pasarle algo así?
Su beta bajó la mirada, su expresión era una mezcla de pena y preocupación.
—Alfa… los tripulantes dijeron que tu pareja se llevó el yate sola. Parecía... muy decaída. Después de eso no supimos nada más de ella durante toda la noche.
—¿Y luego? —Samuel apretó los dientes, el corazón latiéndole desbocado.
—Luego, esa zona del mar f