16. Declaración
XIMENA
El silencio del ascensor es peor que los gritos de la prensa.
Subo con la espalda pegada a la pared y los ojos fijos en el piso. No quiero que nadie me vea. No quiero que nadie me hable. No quiero sentir nada. Pero siento… y demasiado. Me arden las mejillas, me tiembla el corazón y la garganta la tengo cerrada como si algo dentro de mí no quisiera dejarme respirar.
Llego al piso donde me estoy quedando y apenas cruzo la puerta de mi habitación, las lágrimas salen sin aviso. No son suaves