¿Embarazada?
Esa sola palabra fue suficiente para hacerme perder el aliento.
Sentí cómo el aire abandonaba mis pulmones de golpe, como si alguien me hubiera dado un golpe seco en el pecho.
El mundo pareció inclinarse, torcerse, volverse inestable bajo mis pies. Por un instante creí que iba a desmayarme. Tuve que apoyarme en el borde de la mesa con ambas manos para no caer, para no desplomarme junto con todas las certezas que creía tener.
La empleada, completamente ajena al terremoto que se desat