La entrevista comenzó a las nueve de la mañana en punto. Llegué antes de tiempo porque necesitaba que este día fuera perfecto, como si dependiera de ello mi supervivencia emocional.
La oficina de aquella CEO—una mujer cuya marca de maquillaje era reconocida en todo el país—tenía un ambiente que me tranquilizó, apenas crucé la puerta.
Estaba llena de luz, colores cálidos, y un aroma suave a vainilla y flores blancas. Nada que ver con las oficinas frías, oscuras y sofisticadamente hostiles de D’Ar