Sentí cómo mi propia voz se alejaba de mí mientras hablaba, como si las palabras no salieran de mi boca sino de un rincón desconocido de mi mente.
—Agradezco su propuesta… pero no puedo aceptarla.
Incluso a mis propios oídos soné ajena, desdibujada, como si estuviera viendo la escena desde fuera de mi cuerpo.
Pero nada logró suavizar la reacción de Azkarion.
Él me miró como si acabara de cometer una traición irreparable.
Su expresión era pétrea, dura como una montaña ennegrecida por siglos de to