—¿Qué? ¿Tengo algo malo? —pregunté, sintiendo un nudo de ansiedad en la garganta.
La forma en que ella me miraba me ponía los pelos de punta.
—No, querida. De hecho, es algo muy, muy bueno —respondió ella, y por primera vez su sonrisa no pareció una burla, sino una muestra de auténtica fascinación—. Muy bien, acomódense. Si voy a involucrarme en este desastre, déjenme contarles un poco sobre la verdadera historia de las brujas. Por fin tengo la oportunidad de defender el honor de nuestra esp