Narrado por Magnus.
Apreté los puños mientras avanzaba hacia el pueblo que yo mismo había sometido.
Estaba muy furioso porque mis soldados no respondían a mis cartas, y ahora entendía por qué. Al cruzar la entrada, la devastación me golpeó el rostro como una bofetada.
—¿Qué demonios?
Todo estaba reducido a escombros carbonizados. No quedaba nada del orden que yo había impuesto, solo cenizas que el viento arrastraba sobre lo que alguna vez fueron hogares.
Me detuve frente al huerto, aquel