Narrado por Seth.
Llegué a mi cabaña azotando la puerta, todavía con la adrenalina recorriéndome las venas. El golpe resonó en la madera y, al entrar, vi que Lilia estaba en la sala, tranquila, leyendo un libro.
Me quedé inmóvil unos segundos, sorprendido. No esperaba verla ahí, y menos con esa calma que contrastaba tanto con el torbellino que llevaba dentro.
—¿Seth? ¿Qué tienes? —preguntó, cerrando la tapa.
Ella me conocía mejor que nadie.
—Nada. Estoy bien.
Justo entonces apareció Alar