Los pasillos de la mansión estaban inundados por risas infantiles, el ajetreo de sirvientes cargando bandejas llenas de dulces y el inconfundible aroma a pastel de fresa recién horneado.
El ambiente de tensión que nos había acompañado durante los primeros días de la posguerra se había disipado por completo para dar paso a una celebración sumamente especial.
Lilia estaba cumpliendo diez años, y como Seth se había encargado de decretar que ella era oficialmente la princesa del bosque, todos quer