Reino de Arkhamis, jardines del palacio real
La princesa Daara deambulaba tristemente, casi desfalleciendo. Ni el hermoso jardín donde parecía reinar eternamente la primavera lograba aminorar el dolor que había en su pecho y que la afligía hasta el punto de dificultarle el respirar. Sus pasos cansinos la llevaron hasta las caballerizas, un lugar que no solía frecuentar. Era el penetrante aroma a suciedad de caballos lo que la espantaba. Esa mezcla de excrementos y sudor le resultaba tan repugna