Reino de Balai, aposentos del rey.
—¿Gritarás para mí? —preguntó con voz portentosa el monarca, la misma con la que hacía estremecer a los hombres más fuertes en el campo de batalla.
No había un soldado frente a él ni se hallaba en medio de una guerra, se trataba de la visita de una simple jovencita desnuda, pero eso no hacía diferencia alguna ante sus ojos.
—Sí, mi señor. Haré todo lo que me pida —aseguró ella, con la voz temblorosa y la mirada empañada por el frío que le helaba la frente.