Llevaba Lis un buen rato mirando a la bestia en la tina. Seguía agazapada contra el muro, sin saber qué hacer, sin reaccionar a la orden dada.
—Mientras más te tardes, peor será después —la amenazó él.
Inhalando profundamente y armándose de valor, ella se atrevió a dar unos pasos, con los puños apretados y todo el cuerpo tenso, como si su carne se hubiera vuelto de acero. Lo que la bestia le pedía no era tan difícil ni tan horroroso, ella podía imaginar cosas mucho peores y... sucias.
Agradeci