—¿Acaso sigo dormida? —se preguntó Lis, parpadeando pesadamente al ver a Desz acostado junto a ella.
—Te has vuelto tan perezosa que ya ni sabes cuando estás despierta —le dijo él.
Era de día y la luz se hallaba a gusto en la habitación, pues resplandecía como nunca. Tan brillante era que resultaba cegadora.
—¿Cómo entraste al palacio?
—Camsuq está desesperado, le faltó poco para recibirme con honores. Incluso la reina está feliz con mi presencia, aunque se esfuerce en ocultarlo.
Hasta Nuante