Reino de Balai
El rey Ulster, enardecido, caminaba de un lado a otro, lanzando por los aires todo cuanto se cruzaba a su paso. El copero observaba desde un rincón, encogido, sin decir palabra.
—¡¿Cómo ese imbécil pudo cometer un error así?! Llevaba años alimentando al animal y nunca hub0 problemas. —Empujó un mueble hasta volcarlo contra el piso.
El estruendo sobresaltó al joven que, agazapado en su rincón, apretaba firmemente los ojos. De pronto, las manos de su señor le cogieron el rostro co