Reino de Arkhamis
El llanto de Lis poco a poco menguaba bajo la tenue luz que llegaba a la pequeña estancia de los equinos. Las fuerzas de su amado caballo se habían agotado la noche anterior y había partido de este mundo en la tibieza del establo donde había vivido diez años, acompañado de dos fieles siervos, pero muy lejos de quien más amaba.
—Yo aprendí a cabalgar con su madre y la acompañé cuando él nació... —contó ella, aferrada todavía a las ropas de Desz—. Era de noche y Riu me ayudó a e