Furr se apresuró para encontrarse con Desz antes de que llegara al campamento. Venía él solo caminando por el sendero.
—¿Acaso han movido el campamento?
Furr asintió. El gris sereno de los ojos de Desz brillaba nuevamente, hasta su piel lucía más hermosa. Ni hablar de la melodía que ahora entonaba su corazón. No necesitaba ser muy listo para saber lo que había ocurrido. Ahora entendía las absurdas risitas de Mel, la traidora.
—Fuiste por ella, ¿no es así? Fuiste a buscar a esa Lis.
Desz le so