Reino de Balai
Sentado en una mecedora al abrigo de la llameante chimenea pasaba los días el rey Ulster. El frío de Balai le congelaba los nervios de la pierna lisiada, haciendo los dolores insoportables, y él era un balaíta, el dolor y el frío eran lo primero que aprendían a sentir y a soportar.
De vez en cuando se frotaba la pierna, arrastrando su mano desde el muslo hasta la rodilla y luego de regreso. Cuatro veces. Diez inhalaciones después repetía la maniobra. Nadie lo observaba el tiempo