Reino de Arkhamis
Los pesados ojos del general se abrieron y su corazón se sosegó al hallarse en casa, en compañía de su amada. Llevaba ella dos días y dos noches velando su intranquilo sueño, procurando que su fiebre bajara. Había llorado, notó él. Le aferró la mano y le estampó un beso suave sobre los nudillos.
—Casi no regresas esta vez, Camsuq. Mi corazón no soportará una vida así, no lo fuerces, no lo oprimas.
Más besos sobre los dedos, la palma y la muñeca. Acomodó la mano en su mejilla