Reino de Uratis
En silencio, Camsuq seguía mirando el cielo de la celda en que él y Magak se hallaban recluidos. La antorcha ubicada en el muro del pasillo dibujaba sombras monstruosas que danzaban sobre ellos. Eran las sombras de los caídos, de los derrotados y del bosque. El bosque era su última esperanza.
—Has criado un coyote, un cuervo —dijo de pronto, con voz susurrante.
Magak, sentado a su lado en el banco, se aferraba la cabeza.
—Tal vez lo obligaron... tal vez todo sea parte de algún