Alen no logró conciliar el sueño. El tranquilo paisaje que observaba por su ventana lo inquietaba más que nunca. Ese bosque, en apariencia apacible, no era más que una gran mentira, una pantomima que albergaba dentro de sí a algún ser informe y grotesco.
Ya no se engañaría más.
Estaba completamente despierto y en sus cabales cuando, junto a la tumba del conejo, el aire adquirió consistencia suficiente para tocarlo.
¡Y besarlo!
Su primera experiencia sobrenatural, que intentó ocultarse tras la ap