Una resplandeciente mañana despertó al reino de Nuante y Lis se desperezó en su lecho, donde Desz ya no estaba. Los dolores por la golpiza de su padre eran casi imperceptibles y se sintió de ánimos para hacer muchos planes.
La bestia la acompañó nuevamente mientras desayunaba. Observaba pensativo los moretones que marcaban su rostro pálido, muestras del amor paterno. Los humanos eran criaturas curiosas, capaces de arremeter en contra de su propia prole, Desz no entendía el sentido de aquello. E