Qué vacío se sentía el palacio sin Lis. Vacío, silencioso, tranquilo, ideal para descansar. Fue a disfrutar del silencio a la biblioteca. Desde los grandes ventanales se apreciaba muy bien la lluvia y se oía muy bien también. Recordó jornadas entrañables junto a Gentz y sus profundas reflexiones. Era muy sabio para ser tan joven. Y le gustaba mucho la lluvia.
Furr la detestaba. Varias veces lo oyó m4ldiciendo al cielo por mandar tanta agua, rayos y truenos. En su furia ocultaba su verdadero sent