El sol emergió hacia los cielos al mismo tiempo que Alen llegaba a la puerta de su señor. La puntualidad era un rasgo que el hombre admiraba y su aprecio por el muchacho no hizo más que aumentar.
En el patio trasero de la propiedad había un pozo y una pileta en la que Alen fue amontonando las ropas sucias. Eran abundantes. Prendas finas y delicadas, que lavó con los insumos que su señor le proveyó. Le siguieron varios juegos de sábanas y colchas, unas cuantas cortinas y dos alfombras. A mediodí