Alen llevaba más de un día dormido en su lecho. La desgastante búsqueda lo había debilitado y la caída empeoró su condición. Tal vez, si su lecho no hubiese sido una humilde pila de heno cubierta apenas por una bella sábana, se habría recuperado antes. Vivían en precarias condiciones y de la bonanza pasada sólo habían quedado algunos objetos que se habían resistido a vender, como las sábanas bordadas por la madre.
Jun estaba a su lado, sentada sobre un pequeño banco. Velaba el intranquilo sueño