El zumbido de la ciudad de Valencia se filtraba por las ventanas de la clínica clandestina donde Antonia esperaba su turno. Estaba impaciente, caminando de un lado a otro en la sala de espera privada.
—Señorita Antonia, todo está listo —dijo el especialista, saliendo de la sala de procedimientos—. Hemos seguido sus instrucciones al pie de la letra. Los óvulos están preparados.
Antonia se detuvo, con una sonrisa triunfal cruzando su rostro.
—Excelente. ¿Cuánto tiempo para la transferencia?
—Inme