El hombre misterioso no apartaba la mirada del pecho de Elizabeth. Su atención estaba clavada en el collar, como si su alma estuviera atrapada en esa joya. Entonces, ella, con el corazón encogido como tantas veces, tomó a Xavier del brazo y lo hizo a un lado. Lo miró directo a los ojos, con esa expresión suplicante que él nunca podía resistir.
—Cariño, ya hemos hablado de esto… ¿recuerdas lo que te dije?
—Sí, Xavier, pero ese collar significa demasiado para él. Es un recuerdo familiar —respondi