Elizabeth deslizaba su lapicero de un lado a otro mientras observaba la pantalla de su laptop. Los últimos días se habían vuelto monótonos, atrapada en una rutina que la llevaba del trabajo a casa y de casa al trabajo. Xavier lo había notado; podía ver en su mirada el cansancio, la falta de ánimo que poco a poco comenzaba a opacarla.
Con su cumpleaños a la vuelta de la esquina, él quería sorprenderla con algo especial. Sin previo aviso, apareció en su oficina y dio un par de golpes en la puerta