El idilio entre los enamorados ardía con intensidad. Cada día, Xavier se esmeraba en demostrarle a Elizabeth cuánto la amaba y, sobre todo,se esforzaba en evidenciar los profundos cambios que estaba atravesando. Para ella, eso era lo más valioso: más que los gestos románticos o los obsequios, lo que realmente la conmovía era ver cómo, poco a poco, el despiadado Xavier Montiel iba quedando atrás.
—Dame otro beso, Elizabeth. No nos veremos si no hasta la noche… voy a extrañarte —murmuró él, suj