Los días pasaron, y aunque Xavier se mostraba atento con ella, Elizabeth no lograba perdonarle que hubiera asesinado a un hombre frente a sus ojos. Cargaba con ese recuerdo como una herida abierta. Finalmente, decidida, se preparó para cumplir una cita con Marcos.
Apretó un sobre contra su pecho, y con los ojos húmedos, caminó con paso firme hacia la cafetería donde él la esperaba. Sabía que todo debía terminar pronto.
Al llegar y verlo sentado, se enfrentó a una imagen desoladora: Marcos estab