Elizabeth no pudo apartar la mirada de Xavier. Su confesión la dejó paralizada, trastocando por completo todo lo que creía saber.
Era difícil de asimilar que el hombre más despiadado e indolente que había conocido acabara de abrirle el corazón con tanta honestidad. Sus palabras, aunque inesperadas, eran sinceras. Su amor, increíblemente, parecía puro y real.
Quiso responder, corresponder de alguna forma, pero le costaba encontrar las palabras. Él acarició su mejilla con ternura, y ella hizo lo