Elizabeth salió volando con violencia dentro del auto, estrellándose contra los asientos delanteros. Un pitido agudo le perforó los oídos, sumiéndose en un estado de confusión y casi inconsciencia.
Aturdida, alzó la vista. Marcell yacía con la frente ensangrentada, aplastado contra el parabrisas. A su lado, Xavier, también herido, apenas mantenía los ojos entreabiertos tras intentar protegerla del impacto.
—¡Xavier! ¡Xavier, háblame! —rogó con la voz quebrada, zarandeándolo suavemente.
—Elizabe