Ella ya estaba completamente decidida. Elizabeth no perdería un solo minuto más para avanzar con sus planes. Sin pensarlo dos veces, la semana siguiente tomó una carpeta con documentos y seleccionó cuidadosamente los más importantes para sacarles copia.
Aunque las manos le temblaban al deslizar los papeles por la máquina, sabía que cada movimiento era necesario, por su bien y, sobre todo, por el de sus hijos.
—¿Qué le dijiste a Xavier, Elizabeth? —Helena irrumpió de repente, gritando con furia.