COMPASIÓN Y CASTIGO.
—¡Xavier, un castigo, no! ¡Xavier! —siguió gritando Helena.
Sus alaridos de terror se escuchaban por el pasillo, y Elizabeth no pudo evitar salir corriendo tras ella. Marcell estaba en la puerta; al verla, apenas bajó la mirada. Sabía perfectamente lo que estaba a punto de ocurrir, y cualquiera sentiría compasión por la “pobre” Helena.
Xavier salió de la oficina con los brazos cruzados y el rostro impasible.
—Xavier, ¿a qué te refieres con castigo? —preguntó Elizabeth, nerviosa. Jamás había vis