El amanecer fue llegando. Xavier dormía profundamente, abrazando a Elizabeth, hasta que el tono insistente de su teléfono sobre la mesa de noche lo despertó. Medio dormido, estiró el brazo y, al ver que quien llamaba era Dante, sus sentidos se pusieron en alerta de inmediato.
—Dante, ¿Qué pasa? ¿Por qué me llamas a esta hora?
Escuchó en silencio la respuesta, colgó sin decir una palabra, se vistió a toda prisa y salió directo hacia la sala de estar.
Elizabeth se despertó con el alboroto. Miró e