Capítulo 49 POV Lila

Había imaginado cómo sería volver a verlo, pero jamás se me ocurrió contemplar la posibilidad de que el verdadero impacto no fuera regresar con Cassiel, sino comprender y conocer a su nuevo yo.

Mi espalda se hundió un poco más entre las sábanas mientras el peso firme de Cassiel permanecía sobre mí, cálido, sólido, embistiendo mi sexo con esa intensidad que mi cuerpo seguía recordando a pesar de que mi compañero parecía un nuevo ser.

Tras regresar a Umbra Noctis, Cassiel me había llevado directamente a la que había sido nuestra recamara y me había tendido en nuestra cama.

La fuerza de sus brazos, la manera en que sus manos parecían conocerme mejor de lo que yo misma me conocía me habían hecho creer inicialmente que todo estaba bien sin embargo después evidentemente me di cuenta de que algo estaba mal.

Muy mal.

Mis dedos subieron lentamente por sus hombros, mientras trataba, una vez más, de obligarlo a mirarme.

Pero no lo hacía porque aunque su mirada recorría el resto de mi cuerpo reclamándome sus ojos evitaban mí mirada.

—Te siento incomoda ¿No te gusta…?

Su voz salió grave mientras su longitud seguía dentro de mí. Definitivamente el problema no era que no me gustara.

Así que no respondí.

No mientras siguiera evitándome.

Lo sentí tensarse apenas y unos segundos después, se detuvo por completo.

El silencio entre ambos se volvió tan pesado que incluso mi respiración parecía demasiado fuerte.

Entonces, finalmente habló.

—¿Sigues prefiriendo estar encima?

Sus manos se deslizaron por mis caderas con una delicadeza que contrastaba demasiado con la brutalidad con la que le había arrancado la cabeza de Orion Fangmoon apenas unas horas atrás.

Todavía podía sentir el frío que me recorrió cuando la cabeza de Orion volvió a unirse a su cuerpo como si aquello no hubiera pasado. Su crimen, que sus gammas me hubieran herido mientras mataban a los otros dragones que me acompañaban. Por un segundo me pregunte si Kaeldris logro salvarse o si seguiría herido donde lo deje.

Cassiel interpretó mi silencio de otra forma pensaba sinceramente que no me estaba gustando la forma en que me hacia el amor.

—Lo siento, —murmuró—. Es solo que en la neblina no pareció molestarte cuando me coloque encima.

Y antes de que pudiera reaccionar, me colocó suavemente sobre él.

—No, yo lo siento no es la posición. Es que, no me siento bien.

—¿Es por nuestros cachorros? ¿Están bien? Dijiste que eran dos.

Mi pecho se contrajo, su tacto era cuidadoso.

Pero seguía sin mirarme.

Y aquello, dolió mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Nuestros cachorros están bien. El problema es que no entiendo que pasa, pero se que me ocultas algo y eso es lo que me duele. Lo que no me deja disfrutar este momento.

—Lila…

Su voz se quebró.

—Maldita sea, no es eso.

Sus manos subieron hasta rodearme por completo antes de pegarme contra su pecho.

—Mi amor, mi amada luna ¿Qué crees que te oculto?

Seguí negando.

Sus brazos me envolvieron todavía más fuerte.

—Estoy feliz… —susurró contra mi cabello—. No tienes idea de cuánto… cuánto soñé con esto… con volver a tenerte aquí…

Mi garganta ardió.

—Entonces demuéstralo, mírame a los ojos porque eso es lo que me hace pensar que me ocultas algo.

Su cuerpo entero se tensó.

—Dices que me amas…

Mi voz salió rota.

—Dices que perderme fue una tortura.

Sus brazos se endurecieron y dijo.

—Lo fue.

Mis lágrimas finalmente escaparon.

—Entonces dime, Cassiel.

Llevé una mano a su rostro.

—¿Por qué no eres capaz de mirarme a los ojos? Lo hiciste en la neblina, pero eso fue porque pensaste que estaba muerta y que no podría rechazarte.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Qué me ocultas? ¿Piensas que ya no puedo amarte porque esta claro que no eres el mismo?

Por un instante creí que no respondería.

—Reconozco que hice cosas, — su voz sonó sincera. —Cosas de las que sé que no estarías orgullosa. Estoy seguro que Orion te las mostro o te las dijo antes de entregarte a mi.

Mi corazón se hundió.

—Cassiel…

—Pero eso ya no importa.

Sus manos bajaron otra vez a mi cintura.

—Lo único que importa…

Su frente descansó contra la mía.

—Es que estás aquí.

Su voz se volvió un susurro oscuro.

—Y que jamás permitiré que nadie, ni nada vuelva a separarnos. Ni siquiera mis acciones pasadas.

Negué.

—Hay algo más, sé que ocultas algo, lo siento a través de nuestro vinculo.

Sus dedos se clavaron un poco más en mis caderas.

—No importa, voy a demostrarte que te amo.

Y antes de que pudiera protestar, volvió a besarme.

Haciéndome olvidar por un instante que necesitaba que me lo contara todo.

Sus manos recorrieron mi cuerpo como si memorizarme otra vez fuera cuestión de supervivencia, guiándome con paciencia, dejándome marcar el ritmo, dejándome recuperar el control que durante un momento sentí perdido.

Y odié lo mucho que mi cuerpo seguía respondiendo a él.

No había duda, seguía siendo suya.

Siempre suya.

Y cuando finalmente nuestras respiraciones se quebraron al mismo tiempo.

Cuando mis dedos se cerraron contra sus hombros y el mundo pareció detenerse por un instante, Cassiel, finalmente me miro y sus ojos encontraron los míos.

—Soy tuyo… y te amo por encima de cualquier cosa. Pero eso que crees que te oculto no es un secreto, Lila… es una sentencia. Porque incluso si llega el día en que me rechaces, incluso si decides que jamás podrás aceptar todo lo que hice durante tu ausencia… aun así, jamás voy a dejarte ir.

Mi pecho dolió y por un instante, solo por un instante me permití creer que quizá todo podría arreglarse pero entonces la puerta sonó y el cuerpo de Cassiel se tensó debajo de mí.

—Lárguense, como se atreven a interrumpir cuando finalmente estoy con mi luna.

Fruncí el ceño.

—Tranquilo, quizá sea Cinthia o Roy.

Cassiel soltó una risa sin humor.

—Imposible.

Mis cejas se fruncieron.

—¿Por qué?

Y entonces…

Lo dijo con la misma naturalidad con la que alguien comenta el clima.

—Porque Cinthia lleva décadas encerrada en los calabozos.

Intenté apartarme.

Pero Cassiel me sostuvo contra su pecho.

No mentía cuando decía que no había querido verme a los ojos no por miedo a que lo rechazara sino porque, aunque lo hiciera no iba a dejarme ir.

—Se lo merecía.

Mi respiración se volvió irregular.

—¿Qué? ¿Por los Dioses que pudo hacer para mercer estar en los calabozos? Además, es la compañera de Roy, tu beta.

Sus labios rozaron mi cabello.

—Roy hace mucho que dejo de ser mi beta, esta desterrada y sabe que si se atreve a enfrentarme peor le ira a Cinthia. Ella desobedeció mis órdenes.

Mi pecho subió y bajó con fuerza.

—Cassiel…

Su voz se endureció.

—Le pedí que no te dejara sola aquel día.

Mis dedos empezaron a temblar.

—No fue su culpa, yo…

—Y tampoco me dijo que habías ido rumbo a Boca del Río yo me di cuenta hasta que te vi caer del barranco.

Sus brazos me apretaron un poco más.

—Ella es una de las culpables de que Sebastián nos separara.

Y mientras sus brazos seguían rodeándome como si aquel gesto fuera una prueba de su amor por mí. Solo pude hacerme una pregunta.

Si se había atrevido a separar a Roy y a Cinthia que habían sido tan cercanos a él ¿Qué más había hecho mientras no estuve?

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP