—Sí, Kaeldris. Soy yo. Mi dragona interior jamás se dignaría hablarle a tu dragón ni a ti, porque ni tu dragón ni tu son nuestro compañero.
Su ala rozó una corriente cercana y volamos lado a lado, demasiado rápido, demasiado bajo para que los otros dos nos alcanzaran con facilidad.
—Estás actuando como una niña caprichosa.
Una risa amarga escapó de mí, convertida en un gruñido que vibró entre mis colmillos.
—Qué curioso. Razar me llamó ingenua, tú me llamas caprichosa. Debí haber hecho una list