Capítulo 8. Ya no soy virgen
ELENA
Cerré el grifo de golpe y me envolví en la toalla sin apurarme. Fui hacia la maleta y empecé a revolver entre la ropa. Ni loca me iba a poner un vestido. No pensaba parecer una muñeca bien envuelta en papel de regalo. Elegí unos vaqueros oscuros, ajustados pero cómodos, y una sudadera negra con capucha. Me la puse sin pensarlo. Ese color me hacía sentir invisible, protegida. Como si pudiera esconderme a plena vista.
Me recogí el pelo en una coleta alta, dejando que algunos mechones cayer