Capítulo 31. El precio de amar
ELENA
Liora se acercó con una sonrisa que no era sonrisa, era veneno. Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, soltó:
—¿No me presentas a tu actual novia?
La palabra novia salió de su boca como si fuera una broma. Como si yo fuera una fase, un error, un capricho pasajero.
Lycan se puso de pie.
Me tomó de la cintura con un solo movimiento, obligándome a levantarme. Su brazo se cerró sobre mi cintura y entonces habló.
—Liora, te presento a mi luna. La dueña de esta manada. La mujer que elegí, la