Abrí los ojos lentamente sintiendo el cuerpo pesado, adolorido, como si me hubieran golpeado por dentro y por fuera. Durante unos segundos me costó reconocer dónde estaba. Las luces blancas del techo me obligaron a entrecerrar los ojos y el olor a desinfectante terminó de devolverme de golpe todos los recuerdos.
El rancho.
Mi padre.
La discusión.
La patada.
El disparo.
Mi bebé.
El miedo me atravesó tan rápido que intenté incorporarme de inmediato, pero una mano grande me sostuvo con suavidad an