Desperté varias horas después sintiendo el cuerpo pesado y la cabeza todavía algo aturdida por los medicamentos. Durante unos segundos permanecí quieta mirando el techo de la habitación principal del rancho mientras intentaba orientarme. La luz del atardecer entraba suavemente por las cortinas y el sonido lejano de los caballos moviéndose en los establos llegaba amortiguado desde afuera.
Pero había algo raro.
Algo demasiado tranquilo.
Fruncí ligeramente el ceño mientras me incorporaba apenas so