El resto del día transcurrió en una calma tensa. Mariana y yo terminamos de arreglar el jardín, pero el entusiasmo del principio se había evaporado. Mis manos mecánicas enterraban las raíces mientras mi cabeza no dejaba de repetir las palabras de mi hermana. Ricardo no venía por dinero. Venía por algo que Julián le "robó".
Al caer la tarde, don Carlos se acercó a nosotras. Caminaba con esa parsimonia de hombre que ha visto pasar a tres generaciones de los Galán por estas tierras.
—Señora Valen